Un presidente humanista



#LaCuartaTransformaciónVa


Preguntaron hoy el presidente en la conferencia mañanera:

¿Qué opina sobre la condena a cadena perpetua y treinta años más, aplicada al Chapo Guzmán?

La respuesta de López Obrador, desconcertó en un primer momento a algunos. Dijo:

"Es lamentable que estas cosas sucedan..." y continuó: "que una persona no pueda ver a su familia libremente, o que ande por la vida a salto de mata, escondido y con miedo a la muerte, o a ser atrapado, es penoso". "que alguien se dedique a hacer el mal, también lo es".

Cualquier otro político hubiera contestado en automático, con una postura de carácter oficial, antes que humana. Seguramente aplaudiría el fallo de la justicia, contra una persona señalada como uno de los mayores capos en la historia del crimen organizado.

López Obrador no es así y su respuesta nos da una idea clara, sobre la forma en que piensa y siente, el presidente que tenemos los mexicanos.

Para él, lo fundamental es atender las causas que crean al delincuente y éstas son dos, básicamente: pobreza y falta de oportunidades.

Dando atención correcta a esas deficiencias sociales, las cárceles y los condenados, irán disminuyendo paulatinamente.

El presidente se declaró idealista y humanista convencido. Y en ese sentido lleva la política de la Cuarta Transformación.

Una persona mentalmente sana, no puede sentir satisfacción por la desgracia ajena, aún tratándose de alguien que ha cometido delitos graves. No se puede ser feliz ante la aplicación de un severo castigo.

Las víctimas de algún delito, generalmente piden justicia, pero no se complacen con el sufrimiento ajeno. Están por la reparación del daño, o en busca de la verdad que les devuelva algo de la tranquilidad perdida. En los casos en que se solicita el castigo, se debe tener en cuenta que el daño padecido, tan próximo, tan personal, justifica de algún modo, esa necesidad de solicitar la aplicación de la ley, en su forma más severa.

Pero aún en estas situaciones, el resultado obtenido, no resuelve el problema. Los castigos más duros, no inhiben las conductas delictivas.

Es la atención de las causas el mecanismo correcto para evitar desviaciones sociales. Y eso lo entiende bien el presidente.

No permitir que niños sanos y felices, se transformen en adolescentes y jóvenes insatisfechos y resentidos que, a falta de mejores oportunidades, toman el camino equivocado, es la preocupación y la ocupación del actual gobierno.

Las cárceles no son la solución, los castigos sociales, por muy apegados a la ley que estén, tampoco resuelven el problema.

Ver a un hombre condenado a pasar el resto de sus días encerrado en una celda minúscula, sin tener contacto físico con su familia en lo que le reste de vida, saliendo a la luz del sol únicamente quince minutos al día y vigilado permanentemente por sus carceleros, sin posibilidad de un momento de privacidad, no puede ser motivo de satisfacción para una persona sana.

Esto no quiere decir que se justifique el historial delictivo del Chapo.

Su conducta es reprobable y lo que propone el presidente es que, en el futuro, el Estado intente impedir el surgimiento de nuevos Chapos y demás delincuentes que ponen en riesgo al resto de la sociedad.

Es una visión distinta, por parte de un presidente que trabaja por un cambio profundo en nuestro país.

No se trata de implementar políticas de seis años. La Cuarta Transformación implica el cambio total en las formas y en la mentalidad de los mexicanos.

La frase con que cerró este tema el presidente, lo dice todo:

"A final de cuentas, la finalidad de todo gobierno, es procurar la felicidad de los ciudadanos".

Que todos alcancemos esa felicidad, es la meta que se ha impuesto López Obrador.

Malthus Gamba.