Cuentos de un Chairo.- Una Transformación sin sangre.- Malthus Gamba


#LaIVTransformaciónVa


Conozco a Lucio desde hace años. Un joven entusiasta, risueño y bastante competente en su profesión. Yo compro y vendo artesanía al mayoreo. Tengo contactos que me traen cosas interesantes de diferentes partes del país y del extranjero. Además, cuento con las aportaciones que hacen al negocio artesanos recién egresados de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Hay producciones de bastante calidad en herrería, orfebrería y alfarería, que se colocan bien en el mercado.

Lucio viaja por centro y Sudamérica y provee al negocio de muy buena artesanía. Su ojo está bastante educado y sabe que ejemplares reúnen calidad y valor comercial. Es un gusto hacer negocios con alguien que comprende con claridad, el equilibrio que norma nuestra actividad. Vendemos valor en diseño y manufactura, para recibir un pago justo de parte del cliente satisfecho.

Mi amigo es venezolano. Visita con frecuencia su patria. Habla mucho de su país y se siente profundamente deprimido cuando suceden acontecimientos dolorosos, de los que le dan cuenta familiares y amigos. Le duele que no haya paz en esta pequeña nación que vive a diario bajo la amenaza de la guerra, la miseria o la ocupación.

Lucio me cuenta de la existencia amarga que vivía el país antes del chavismo. Con Carlos Andrés Pérez, ya se vivía con niveles de inflación semejantes a los que miramos actualmente. La pobreza era alarmante y las garantías individuales casi nulas. La caída de los precios del petróleo fue para Venezuela una catástrofe total. Algo así como un terremoto económico. De disfrutar niveles de vida similares a los de Noruega, pasaron a ser una de las economías más castigadas de Latinoamérica.

No supieron aprovechar el gran momento petrolero que vivió el país. Su economía no creció y su comercio fue local preferentemente. La crisis petrolera fue para esta pequeña nación, un golpe demoledor. De ahí que la llegada de Chávez al poder, con un programa de recuperación nacional, basado en el apoyo preferente al pueblo, tuviera tanto éxito en una población al borde de la miseria.

Efectivamente el chavismo y hoy el madurismo, han tenido deficiencias. Pero éstas son idénticas a las que se han observado en otras naciones de la zona. Se habla de la corrupción en los dos últimos gobiernos venezolanos, pero se olvida que ese fenómeno es compartido por varios gobiernos neoliberales en la zona, a los cuales el imperio norteamericano no critica. Argentina, Colombia, Guatemala, Honduras y Brasil, "no cantan mal las rancheras", dice sonriendo mi amigo.

El gran problema del país se llama Norteamérica, afirma Lucio. Las reservas petroleras y los grandes yacimientos de oro, son una presa apetecible para la voracidad insaciable del imperio. Estados Unidos necesita ese petróleo para afianzar su hegemonía a nivel mundial. Además, ve un peligro en las relaciones internacionales que cultiva el actual gobierno venezolano, con Rusia, China y Cuba. Ese escenario, propicia que el natural desencuentro entre la izquierda y los conservadores, se manifieste en esa nación con desmedida brutalidad.

El bloqueo impuesto por Estados Unidos a Venezuela, impide que los recursos del país, puedan ser usados íntegramente en atención a las necesidades del pueblo.

En contraparte, el dinero y los recursos norteamericanos, llegan a la derecha del país sin restricciones, en un intento permanente por desmantelar al régimen madurista.

La tristeza en Lucio es inocultable en esas ocasiones. Prevé una lucha intestina de larga duración, donde los muertos civiles y militares, los pondrán los venezolanos, mientras que los beneficios, cuando los haya, los disfrutará el gobierno norteamericano.

Lo único que quisiera el pueblo de Venezuela, según me dice Lucio, es que los dejaran vivir tranquilos y en paz. Anhelan, desde la llegada del chavismo al poder, una transformación que les permita recuperar el estado de bienestar que en otros tiempos disfrutaron. Desafortunadamente, hasta el día de hoy, esto ha sido imposible.

Hace una semana más o menos, platicando con Lucio sobre el mismo tema, mientras desempacábamos unas piezas que trajo de Perú, me dijo, saliendo de un silencio de varios minutos, que admiraba la forma en que el gobierno de López Obrador estaba aterrizando el proyecto de la Cuarta Transformación, sin que se estuvieran presentado problemas mayores.

Es cierto que los conservadores estaban molestos por todos los cambios que alteraban su ritmo de vida. Se mostraban inconformes por la supresión de muchos de sus privilegios de clase, pero este malestar, se había canalizado por las vías normales de convivencia. En México no se vivía de manera alguna una situación similar a la que se daba en este momento en Venezuela.

La exigencia era la misma en ambos países. Mejores condiciones de vida para los ciudadanos y un clima de paz, donde todos pudieran vivir en armonía. En México, se trabajaba para conseguir estos fines, pero en el camino, no existían impedimentos graves, como los que se estaban dando en su país natal.

Las reformas salían una tras otra y los programas sociales trabajaban bien, a unos meses de iniciados.

Como venezolano, sentía envidia de la buena, por la manera en que se había apostado por la paz en México. Todo el cambio venía de un proceso electoral, donde la voz mayoritaria del pueblo, no dio oportunidad al fraude y la manipulación. A Lucio le hubiera gustado algo parecido para Venezuela.

Y de verdad pienso ahora que los mexicanos, debemos estar muy orgullosos de lo conseguido en base a trabajo y carácter. Fueron varios los fraudes electorales que padecimos, sin que, como sociedad, nos uniéramos para reclamar y hacer valer nuestros derechos. Fueron muchas las batallas y también las decepciones.

Pero algo me queda claro de todo esto. Ni las derrotas, las burlas y las agresiones, pudieron doblegar el carácter de un hombre especial, que contagió su forma de ser a millones de mexicanos. Hoy que es presidente de la república, me parece que dos lemas usados durante su vida, definen perfectamente el tipo de gobierno que hoy disfrutamos: "por el bien de México, primero los pobres" y "todo por el diálogo, nada por la fuerza".

Una política de este tipo, hace mucha falta en varias partes del mundo. Ojalá y algún día, le toque el turno a Venezuela. Lo merece.

Malthus Gamba