La guerra sucia en Twitter



#LaIVTransformaciónVa



Camino por los intrincados senderos de la Red. Es complicada la orientación dentro de un Universo sin reglas claras, con pocas señales y donde se escucha permanentemente el llamado de millones de voces.

No puedo decir que voy a ciegas y sin rumbo, puesto que reconozco que este mundo, es fiel reflejo de lo que ocurre en la realidad. Sin embargo, hay diferencias evidentes. Aquí, cada opinador tiene una seguridad personal que, en la vida diaria, le falta la mayoría de las veces. Cada palabra expresada, tiene la pretensión de ser la más adecuada al momento. Todos los participantes en Twitter consideran que sus aportaciones a la discusión pública, son de gran valor.

Y eso es lo interesante en esta red. Hay una histórica participación masiva, en todos los temas de interés público. Las limitantes, como he dicho, son escasas y tienen que ver con líneas generales de conducta que deben facilitar el diálogo maduro entre usuarios.

Como estas reglas son bastante flexibles, la plática puede tornarse fuerte, e incluso violenta.

Donde hay un número significativo de participantes, es natural que se presenten en ocasionales desencuentros enojosos.

El diálogo abierto es el gran salto que nos brindan estas novedosas plataformas. Aquí no importa la posición social, ni el color de la piel, o las preferencias sexuales. Todas las voces tienen el mismo valor y peso. Twitter es una de las plataformas más usadas por la sociedad mexicana y tiene una particularidad muy especial: es la red donde se discuten con apasionamiento, temas relacionados con la política del país.

Y ese es precisamente el tema que quiero tratar en este recorrido por el interior del Twitter mexicano.

Viajando por esta red, me doy cuenta de que el clima no es tan violento como se dice a menudo. En un día normal, la comunicación fluye dentro de un ambiente de tranquilidad. Hay comentarios de todo tipo, pero no existe una tendencia hostil que pueda señalarse como dominante. Se procesa información, se dan puntos de vista a favor o en contra y se platica sobre asuntos generales, sin una premeditada intención de provocar inquietud, o alterar la dinámica dentro de una conversación sana.

El problema que observo al estar aquí, surge cuando intervienen en la discusión los alborotadores a sueldo, o los usuarios robotizados. Surgen de la nada, con la intención de colocar una noticia como centro de la atención por las siguientes horas. Comienza a surgir entonces, no una plática, sino un monólogo entre las distintas partes de este ente anormal y belicoso. Su característica esencial es esta: descalificar a alguien o a algo. No es una conversación propositiva, sino una descarga de hostilidad, hacia un punto previamente definido. Ahí comienza la violencia en la red, ya que quien recibe el ataque, responde de la misma manera, para defender su punto de vista o la posición que ocupa en ese momento.

Desde el interior de Twitter, es bastante claro lo que está sucediendo. Alguien paga por este tipo de confrontaciones. Alguien con recursos, contrata los servicios de usuarios con cuentas automatizadas, para dirigir un ataque "rápido y furioso", contra un punto determinado del mundo real. Puede ser un personaje, una acción, un grupo, o una bandera de lucha, opuesta a quien contrata el servicio. Lo interesante es que, para quien se encuentra dentro de la red, como yo lo estoy ahora, es fácil reconocer a estos intrusos. Jamás tienen propuestas. Se dedican únicamente a descalificar. Después, al igual que lo hicieron al llegar, se van en bloque y no queda mayor rastro de su paso. La mayoría, no vuelve a participar, hasta el siguiente evento contratado por sus clientes.

Dejan montones de basura por todas partes. Tuits abandonados a su suerte que nadie leerá o buscará más adelante. Ni siquiera queda algún "meme" de calidad, que recuerde el episodio. Como la velocidad es elemento indispensable en estos ataques, nadie puede darse el lujo de ser creativo mientras se verifica el asalto.

Después del evento, queda una especie de ciudad fantasma, donde no hay quién reclame la posesión de lo abandonado.

Yo me asomo ocasionalmente a este tipo de combates. Los miro desde cierta distancia y me doy cuenta de que, a últimas fechas, quienes usan los servicios de los bots fabricantes de basura, son aquellos que sufrieron una derrota monumental, el primero de julio pasado. Son los restos de las fuerzas políticas coaligadas que perdieron el poder recientemente. Rabian, sufren sin resignación. Intentan mantener a toda costa, el mismo ritmo político que los benefició por décadas. Y no les es posible. El mundo cambió y sus esfuerzos se estrellan contra una realidad que les impone su peso.

Sus intentos en base a la difusión de datos basura, quedan al final en eso. Desperdicios acumulados que los alcanzan poco a poco. Carecen de credibilidad y no tienen posibilidad de convencer a quienes se mueven hoy en día, en un mundo real más sólido, con una idea básica de cambio, que se va concretando en los hechos.

Yo, que viajo por la red permanentemente, observo y participo con frecuencia en esa construcción que generan millones de mexicanos con acciones, coraje e ideas. Veo que el sueño original va adquiriendo forma, no obstante el corto tiempo que lleva la obra. Me doy cuenta de todo eso y lo celebro. El cambio está en proceso y sus resultados comienzan a ser evidentes. Falta mucho, pero ya hay señales claras.

Termino esta reflexión respondiendo a la pregunta que alguno se habrá hecho: ¿quién puede hablar desde dentro de la red?

La respuesta a esa pregunta es ésta: soy una entre millones de ideas creadas en Twitter. Una idea con peso, usada por miles de ciudadanos desde hace un buen tiempo. Soy el viajero que entra en las casas, oficinas, escuelas y otros sitios, donde la necesidad y la esperanza de cambio es permanente. Soy una tendencia. Una etiqueta.

Mi nombre es: #LaCuartaTransformaciónVa


Malthus Gamba