Cuentos de un Chairo.- Cuando los malos nunca ganan.- Malthus Gamba


#LaIVTransformaciónVa


Me gusta ver las caricaturas con mi hermanita. Tiene nueve años y aunque le fascina salir a jugar con sus amigos, se da tiempo por las tardes para pasar una o dos horas viendo la programación infantil de su gusto.

En ocasiones ponemos una película animada, compramos algunas golosinas y nos sentamos en la sala para disfrutar juntas, el mundo de alegría e imaginación que emociona y distrae a mi hermana.

Tengo diecinueve años, aunque aparento mayor edad. Soy alta, delgada, pero con mucha fuerza física, que debo en gran parte al gimnasio. No hay novio por el momento, aunque sí algún pretendiente y muchos amigos. Estudio por las mañanas y por la tarde ayudo un poco a mamá, en la tienda que ocupa nuestra accesoria, acondicionada en el patio delantero de la casa.

Con todo, me gusta darme un tiempo diario, para convivir con mi hermana. No quiero que se sienta sola. Yo fui hija única durante mi niñez y sé lo que es vivir sin alguien de confianza al lado, aparte del cariño materno. Mi padre falleció cuando era aún muy chica. La tienda nos ha sacado adelante y nada nos faltó afortunadamente.

Mi hermana me tiene a mí, aparte de la protección permanente de mamá. Nos llevamos muy bien, a pesar de la diferencia de edades. Las caricaturas me agradan desde niña y no tengo que hacer esfuerzo alguno para compartir esa pasión que es tan del gusto de mi hermana.

Cualquier persona puede dar testimonio de que, en la mayor parte de esas caricaturas, quienes interpretan a "los malos" tienen mucha más participación que "los buenos". Al menos, en la primera parte del programa. Son ellos los que llevan la iniciativa y provocan con sus acciones, que los buenos se integren a la trama.

Los malos son indispensables para que al final el bien se manifieste como fuerza preponderante en ese universo de ficción. Entre puros buenos, no habría persecución y castigo para alguien. Solo la presencia de los malos da sentido a la acción reivindicativa del bueno.

Ese tipo de ideas nacen con mucha frecuencia de la mente de mi hermana. Pregunta de continuo mi opinión sobre determinada escena, o por un capítulo en especial. Con esto me doy cuenta de que, a diferencia de lo que sucede conmigo, las caricaturas siguen siendo tema de reflexión, después de terminado el programa. Yo me olvido inmediatamente del asunto, pero en la hermosa cabeza de mi hermana, las escenas se siguen repitiendo por un buen rato.

Hace unos días, estaba desayunando y veía en televisión la conferencia mañanera de López Obrador. Mi hermana tomaba su cereal, mientas mamá le arreglaba el pelo. Parecía ensimismada en el contenido de su plato y no demostraba interés en lo que sucedía en la tele.

De repente alzó su carita y me dijo: ¿Te has fijado que el programa del presidente se parece mucho a las caricaturas?

No entendí lo que quería decirme y estaba a punto de preguntar las razones de esta apreciación, cuando ella continuó con su idea: el presidente nos habla todos los días de "los malos" que mandaban en el país, hasta hace poco. Nos cuenta de todo el mal que causaron a la gente del pueblo por muchos años.

Esos malos fueron vencidos en un combate que tuvo lugar en todo el país y que se ganó votando. Ya ganaron "los buenos", dijo el pueblo. Pero los malos siguen escondidos en muchas de sus guaridas. Sales frecuentemente para atacar a los buenos, pues quieren volver a mandar en el pueblo.

Y aunque el pueblo no los quiere, ellos se empeñan en regresar, para seguir haciendo de las suyas por más tiempo. López Obrador es como el héroe de las caricaturas. Tiene permanentes problemas con los malos, pero al final, los derrota y los deja más débiles capítulo a capítulo.

Mamá le dijo risueña, que apurara el desayuno, porque había que ir a la escuela. Mi hermana dio las últimas cucharadas al cereal con leche y frutas, se levanto de la silla, me sonrió y corrió a lavarse los dientes.

Seguí con la conferencia mañanera, pero pensando al mismo tiempo en otras cosas. Era yo quien se quedaba ahora con ideas en la cabeza, después de convivir con mi hermana. Ella estaba en este momento, pensando en otros asuntos, mientras yo reflexionaba sobre sus palabras.

Efectivamente, fue una gran batalla la que se dio en las pasadas elecciones. En mi escuela, se notaba el cambio de actitud entre los estudiantes. La mayoría queríamos el triunfo de López Obrador y trabajábamos en ello, fuera promoviendo el voto directamente, o participando en redes sociales. En las calles, era evidente que algo fuerte venía. Se sentía en todas partes el claro apoyo a Morena y a su candidato.

Lo que nadie midió entonces y no se ha medido hasta el momento, es la visión que de estas elecciones tuvieron los niños que presenciaron, muy a su manera, el evento. Además, nada se ha dicho sobre la forma en que estos niños enfocan un cambio de régimen que significa también una transformación total, respecto al mundo que han conocido. Se trata de una perspectiva diferente de lo que les rodea. Es como entrar a la misma casa y encontrar una decoración nueva.

Mi hermana, a su modo, me dice que ha entendido bien el mensaje del presidente. Pasamos del control del poder en manos de "los malos", a un gobierno sano y fuerte, que representan "los buenos", encabezado por Andrés Manuel.

Los malos fueron derrotados, pero siguen ahí, en sus guaridas, planeando el siguiente ataque al pueblo. Todo es cuestión de no dejar que entren nuevamente, apoyando en todo a los buenos.

Todo entendido de una manera fácil y correcta.

Salgo también para la escuela, pensando en todo esto. Seguro que, por la tarde, recompensaré a mi hermana con algunas golosinas especiales. Veré las caricaturas con mayor atención y, quién sabe, puede ser que yo también saque conclusiones importantes, respecto al panorama nacional, atendiendo las peripecias de los personajes que nos presentan las caricaturas.

O en todo caso, tengo a mi hermana, para que me explique con claridad, cosas que para mí resultan a veces complicadas.


Malthus Gamba.