Cuentos de un Chairo.- Tiempos de poca moral.- Malthus Gamba


#LaCuartaTransformaciónVa


Los padres tienen la costumbre de educarnos sobre lo bueno y lo malo, lo conveniente e inconveniente que vamos a encontrar a lo largo del camino, poniendo su vida como ejemplo permanente.

Son el modelo que miramos de frente todo el tiempo. Lo que hicieron y evitaron estos padres cuando tenían nuestra edad. En ocasiones intervienen también los abuelos, quienes, a su vez, criaron a sus hijos bajo el mismo criterio de ejemplificar los retos en la vida, con experiencia propia.

Nuestros padres generalmente tienen la mejor intención para con nosotros. Brindan lo que han logrado atesorar a costa de esfuerzo, y sin regateos, lo ponen a nuestra disposición para que usemos su experiencia como sólida base. La intención es allanarnos el camino al darnos un piso sólido para enfrentar la vida. Es la herencia acumulada y actualizada que pasa de generación en generación.

¿Qué pasa cuando este ritmo de experiencia transmitida se altera?

Mi padre me cuenta que, en su infancia, las reglas de convivencia y respeto eran claras. Se transmitían y compartían sin dificultad. Había una línea bien definida entre lo que se consideraba correcto o ético y lo que constituía una falta a los señalamientos básicos de urbanidad. No había polémica en este tipo de asuntos. Se apreciaba la verdad, así como se desestimaba la mentira.

Pero algo ocurrió.

En un momento impreciso, este lazo de unión entre generaciones, se alteró en forma negativa. Los valores éticos y las normas de convivencia sufrieron un deterioro histórico. Poco de lo que definía la forma de ser del mexicano, se salvó del desastre.

La mentira comenzó a ser vista como herramienta útil en la búsqueda de beneficios personales. Maquillado como verdad, lo falso puede ser artilugio de gran eficacia para la consecución de propósitos de todo tipo. Aquí, se retoma la máxima renacentista de "el fin justifica los medios".

Desde la mentira, es fácil dar el siguiente paso y abrir completamente la caja de Pandora. Si está permitido y aceptado socialmente uno de los vicios que antes eran motivo de repudio, ¿qué puede impedir que las demás conductas antisociales sean también admisibles?

La corrupción y la violencia son entonces dueñas de la conducta de buena parte de quienes conforman la base social del país. Las reglas urbanas se reducen al mínimo y aún en los casos graves, hay manera de librar el castigo por cualquier falta, si se cuentan con los recursos y contactos necesarios para corromper, en provecho personal, a las ya de por sí corruptas autoridades.

Lo que inició como falta de dedicación y atención dentro de las familias, se transforma en problema de salud social, con el paso del tiempo. Y en ese estado tenemos al país actualmente.

Miro a la gente mayor que me rodea, a mis padres, más jóvenes que ellos y me miro a mi también, tratando de hacerlo de la manera más imparcial posible. Creo que ha sido una transmisión ininterrumpida de valores, a través de las distintas generaciones. Eso me da tranquilidad, pues tengo el propósito de no romper esa cadena con mi descendencia, cuando llegue la hora. El mayor legado que podemos dejar a quienes nos siguen, es ése.

Luego pongo atención en muchas familias que, por relaciones de trabajo, trato ocasional, o por referencias indirectas, tienen algún tipo de presencia en mi vida. En ellas veo que esa fina cadena de valores, se encuentra rota en algún punto del trayecto. En algunos casos, los padres presentan conductas inapropiadas, que generan algún tipo de desajuste social. De ahí que los hijos carezcan del mínimo concepto ético en sus ideas y acciones. La cadena se rompió en el eslabón de los padres y de ahí en adelante, todo marcha mal dentro y fuera de casa. No hay conductas sanas. Todo está permitido, mientras los fines mezquinos se alcancen.

En otros casos, es hasta la generación siguiente donde se pierde el camino sano. Es en mi generación donde se rompe el eslabón del que hablo. Y es triste encontrar compañeros de escuela, amigos del rumbo, e incluso primos cercanos o lejanos, que responden en forma socialmente inadecuada, a las situaciones que enfrentan en la vida.

Cuando llega López Obrador a la presidencia, nos habla de la necesidad urgente de restaurar un tejido social que presenta daño en infinidad de partes.

Es el huachicoleo, permitido como norma de vida en pueblos enteros. Es también el apoyo social que disfruta la delincuencia organizada, en algunas zonas del país. La corrupción aceptada por muchos como forma natural de convivencia. La impunidad que brinda esa corrupción al que delinque. Pero sobre todos estos vicios, hay uno que debe ser atacado de inmediato. Es el pecado original, del que nacen los demás, con el paso del tiempo. La mentira es el principio de todo y al mismo tiempo, el manto que cubre todas estas conductas inmorales, para darles una apariencia de decencia.

Yo me convertí en chairo por este motivo. Detesto la mentira y me parece que es muy sano que el presidente inicie su sexenio, exhibiendo a los mentirosos profesionales en forma diaria. Políticos y periodistas fifís, son los oficiantes de un ritual orquestado por buena parte de la clase social más privilegiada y corrupta, para fingir que en nuestro país nada malo sucede. Sus programas y proyectos políticos destilan corrupción por todas partes. La prensa fifí, tiene el encargo de disfrazar esas machas para presentar a quienes pagan, como gente decente.

Los responsables de la pérdida de valores en nuestra sociedad, quieren ser tratados como personajes respetables y se ofenden si se les dice la verdad cara a cara.

¿Cómo puede la prensa exigir libertad para desatar campañas sucias en contra de la Cuarta Transformación? Al parecer, la ética no es algo que les importe mucho. Piden una licencia para producir noticias basura, para consumo popular. Pretenden seguir con su viejo estilo de maquillaje noticioso, en favor quien mejor paga.

Eso no es un derecho que debamos darles. Legalmente es imposible limitar su participación en los medios de comunicación. La censura no es el camino correcto.

Lo que sí está en nuestras manos, es dejar de consumir ese tipo de información. Buscar medios alternos que defiendan la verdad y no se presten a componendas deshonestas.

Señalar a quienes ponen sobre la mesa su pluma o su imagen, con la intención de servir a quien más ofrece.

La mentira no tiene cabida en el cambio de régimen que impulsa la Cuarta Transformación. Hay que trabajar desde ahora para provocar esas sanas modificaciones sociales.

El gobierno impulsa políticas limpias y transparentes. Es un deber ciudadano completar esta labor, apartándonos de todo aquello que contribuyó a dañar al país, por decisión del viejo régimen, comenzando por políticos impresentables y periodistas mentirosos.

Mi compromiso personal es ese. Que la cadena cultural, con valores firmes y éticos, regrese a normar la vida de los mexicanos.

Yo no consumo periodismo chatarra, ni creo en la oferta política que impulsan los conservadores. La conozco y es despreciable.


Malthus Gamba