El fuego amigo.- Cuento de América Rubio


#EscribirTransforma


En el espacio de un año, pasamos de ser las mejores amigas, a enemigas irreconsiliables. Bueno, quizá no tanto, pero era imposible que ambas compartiéramos el mismo sitio, si nos dábamos cuenta de la presencia de la otra, en ese momento.

Distintas por fuera, llegamos a creer por mucho tiempo que nuestras similitudes emocionales e ideas compartidas, nos aseguraban una amistad duradera.

Karen es bajita, un tanto rechoncha, muy comunicativa y de carácter firme, aunque un tanto disparejo. Puede estar muy de buenas por la mañana, pero cualquier contratiempo que altere su rutina habitual, puede desencadenar la tormenta que a nadie agrada. Karen nunca ha podido lidiar bien con el mayor de sus defectos: es sumamente rencorosa.

Yo soy más alta, delgada y de carácter más bien reservado. Procuro llevar una buena relación con todos mis compañeros y gracias a ello, he despertado el aprecio en casi todos ellos.

Karen y yo trabajamos en un proyecto periodístico nuevo. Ambas colaboramos en el área de edición. Los recursos con que cuenta el medio no son grandes, así que el personal escasea y las labores, pueden llegar a ser abrumadoras. Por lo mismo, las repartimos entre quienes estamos intentando posicionar nuestra página. Así es que hacemos de todo, aunque tengamos asignaturas específicas en el papel.

Por esa misma situación, hay solidaridad entre todos nosotros y nadie se siente superior a cualquiera de los demás compañeros. Así hemos trabajado por espacio de dos años, más o menos.

Hace unas semanas, vimos que nuestro esfuerzo, al fin daba frutos. Comenzaban a llegar clientes interesados en pagar publicidad. Querían que sus productos fueran promocionados en nuestra página. Y no se trataba de uno o dos clientes. Nos caían propuestas de este tipo casi a diario.

La noticia nos alegró a todos. Habría oportunidad de mejorar nuestras condiciones de trabajo y ganar algún ingreso extra. Todos nosotros tenemos actividades personales, que nos producen los recursos necesarios para vivir. El tiempo libre lo dedicamos a la página, un poco por interés económico, pero mucho más por inclinación individual.

La amistad con Karen marchó bien todo el tiempo. Cuando era posible, comíamos juntas y si no, salíamos y caminábamos haciéndonos compañía rumbo a nuestras casas. Todos vivimos en el mismo barrio. Fueron buenos tiempos y llegué a apreciarla mucho.

Pero hay gente que no puede aceptar el triunfo de los demás. Por mucha amistad que haya de por medio, no pueden responder en forma sana, al reconocimiento de los logros ajenos.

Yo fui designada para tratar con los clientes interesados en trabajar su publicidad en nuestra página. Eso me ponía en contacto con gente importante para nosotros. Acepté, como hubiera aceptado que cualquier otro se hiciera cargo de esa actividad. Nada me dijo Karen de momento, pero yo me di cuenta de que algo la incomodaba.

Salía del lugar cuando yo entraba, o se quedaba fuera si veía que yo estaba presente. Evitaba cualquier trato conmigo y a las preguntas que le formulé al respecto, contestó con evasivas. Manejaba cambios en su vida personal, que le impedían atender nuestra amistad como antes.

Terminé por aceptar la nueva situación y dediqué mi tiempo a fortalecer nuestra cartera de clientes. No pasó mucho tiempo para que supiera que Karen estaba trabajando ante los demás integrantes del grupo, la idea de que yo era incompetente para el puesto que me habían otorgado. Incluso, un cliente me comentó que Karen le había señalado que el manejo de su publicidad podía ser mejor, solo que yo me negaba a darle mayores espacios, por favorecer a otros anunciantes.

Encaré a Karen delante de todos y le señalé lo que sabía sobre el problema que vivíamos. Ahí soltó todo su rencor y habló de traiciones imaginarías, de méritos no reconocidos y privilegios en base a la apariencia y no a la capacidad. Ahí mismo exigió se votara sobre quién de las dos permanecía en el grupo. Ella ofrecía mejorar la publicidad y con ello los ingresos económicos.

Este tipo de personas, generalmente se sobrevaloran. Piensan ser más inteligentes que los demás, cuando evidentemente forman parte de la medianía. Nadie votó a su favor. Salió dando un portazo, anunciando que no la volveríamos a ver.

De este penoso asunto, ha pasado algún tiempo. Karen no se fue. Regresó al día siguiente, como si nada hubiera ocurrido. No me habla. Hay un resentimiento enorme hacia mi persona. Yo tampoco la busco. He visto en sus ojos y acciones la mezquindad que lleva dentro.

Nuestro proyecto sigue, pero no es lo mismo. Es difícil trabajar en aparente equipo, cuando los motivos y ambiciones personales, se ponen por encima de la causa en común.

Todos vamos en el mismo barco, pero cada uno se gana su lugar a pulso. Pretender ser capitán, a toda costa, cuando no has mostrado atributos para serlo, es irresponsable. Al final quedas en vergüenza ante todos.

Me dolió tener conocimiento de lo que significa "fuego amigo". Es lamentable que encuentre una en el camino a este tipo de personas.

Son ambiciosas, egoístas y mezquinas. Su pequeñez no está en lo físico, sino en su interior. Pequeño y desproporcionadamente ambicioso.

América Rubio