Cuentos de un Chairo.- Caminando con Augusto Dupin


#LaCuartaTransformaciónVa


El sueño inquieto, o la imposibilidad de dormir, es un mal que aqueja a millones de personas en todo el mundo. Si al hombre le resulta indispensable el descanso, su organismo debería desarrollar el mecanismo correcto, para proporcionarnos a todos, la posibilidad de un sueño regular y plácido. Desafortunadamente, no es así. Cantidad de gente pasa las noches intentando vanamente conciliar el sueño. Dando vueltas y más vueltas en un colchón que se va convirtiendo poco a poco, en plancha de tormento irrenunciable.

Por fin, después de arduo empeño, logramos atrapar un débil sueño, justamente cuando faltan pocas horas para iniciar la nueva jornada. El descanso no es profundo. Se tienen pesadillas recurrentes que no concluyen en momentos felices. Un dormir agitado, que no proporciona tranquilidad ni reposo a nuestro fatigado cuerpo.

Nos movemos como autómatas durante la jornada diaria. Recurrimos al café o a cualquier otro estimulante, para mantenernos conscientes y atentos. Nos caemos de fatiga, pero resulta imposible dormir.

Y la misma historia se repite a la noche siguiente. La ausencia de recursos para alcanzar el descanso, las vueltas interminables en el incómodo lecho y la pesadilla final que acompaña a las pobres horas de reposo.

He recurrido a la lectura como alternativa para fatigar la mente y alcanzar la orilla donde reina Hipnos. Es una estrategia poco fiable, porque generalmente, no está uno en condiciones de entender con claridad lo que se está leyendo y el aburrimiento generalmente, no basta para cruzar el puente. Casi siempre, termino por arrojar el libro al piso, para continuar mi batalla contra el insomnio usando otros artilugios.

Debo decir que en lo que respecta a lectura, tengo gustos particulares. Soy muy aficionado al género policial. Me gustan las novelas de misterio, que tienen que ver con situaciones de investigación y crimen. Uno de mis escritores favoritos, por ser el creador de ese género, es Edgar Allan Poe. Un genio en toda la extensión de la palabra.

Tengo que decir también que, en lo que respecta a mis inclinaciones políticas, soy enteramente partidario de los gobiernos de izquierda y que, por lo mismo, me considero simpatizante convencido del gobierno de López Obrador y de Morena. Soy un chairo al cien por ciento.

Los dos puntos anteriores, tienen que ver con mi insomnio. Al menos, con la parte que corresponde al pobre sueño que logro conciliar cada noche. Como ya dije, se trata de un descanso parcial, donde no existe la profundidad que disfrutan aquellos que no padecen el problema.

Los sueños, las pesadillas inquietantes, son parte de la atmósfera que prevalece durante ese periodo de engañoso descanso. Sueños a veces intrascendentes y pesadillas aterradoras, se alternan indistintamente.

La noche pasada, viví el mismo episodio que he referido renglones atrás. Ante la imposibilidad de dormir, tomé una novela de Allan Poe y me recosté cómodamente, en mi sillón favorito. No hacía frío, así que no fue necesario traer el cobertor acostumbrado. Elegí el cuento que lleva por título "La Carta Robada" y comencé mi lectura. Pasarón unos cuantos minutos y yo me encontré de improviso, caminando por las viejas calles del Centro Histórico de la capital del país, en compañía de mi entrañable amigo Augusto Dupin. Andábamos sin prisa, inmersos en nuestros pensamientos personales. Era noche avanzada y no se veía a alguien más transitando por la calle de Madero.

Al llegar a la plaza mayor y tener ante nuestros ojos la impactante imagen del zócalo iluminado y dispuesto únicamente para nuestro disfrute nocturno, quedamos ambos estáticos, mirando respetuosos esas edificaciones de siglos que se mantiene firmes y majestuosas, a pesar de tanta historia transcurrida.

Rompiendo el silencio, Augusto Dupin, con una voz tranquila pero firme, dijo lo siguiente:

Amigo mío, hace poco platicábamos sobre la naturaleza del carácter conservador y sobre las posibilidades que esta corriente política y de pensamiento tiene a futuro. Me parece que el espectáculo al que asistimos en este momento, da la respuesta exacta a nuestra inquietud.

Mire usted la fortaleza de cada uno de esos volúmenes. Vea la calidad del material utilizado en la edificación. Constate la intención que tuvieron los constructores para que la obra durara no cien, sino mil años. Admire la belleza arquitectónica y recuerde la riqueza ornamental que guarda cada edificio. Calidad acumulada durante siglos. Orden sobrio que se erige respetando reglas severas. Nada fuera de sitio. Ningún elemento ajeno a la norma establecida. Ahí tiene usted el carácter conservador del que hemos hablado. La cara positiva del conservadurismo y la razón por la que se mantiene vivo, a pesar de los siglos.

Conservador significa confianza en lo ya hecho. Defensa de un patrimonio que se conoce y al que hay que proteger para que no se pierda. Admiración por la obra de quienes nos precedieron. Aceptación de las normas establecidas y por ello mismo, inmovilismo.

Vuelva a mirar esos edificios, querido amigo y dígame quiénes dan uso actualmente a estas construcciones.

Tratando de adivinar los pensamientos que tenía Dupin en esos momentos, respondí: gente de izquierda.

Efectivamente, respondió afectuoso. Ese es el complemento a nuestra pregunta. Dentro de todo conservadurismo, hay un elemento que intenta permanentemente mejorar la calidad de lo que se tiene. Es una entidad que no se conforma con lo que encuentra hecho. Aprecia la herencia que recibe, pero quiere acrecentarla a toda costa. Ve la necesidad de modificar y reestructurar ciertos edificios, hacer uso de las construcciones, de acuerdo a las necesidades que marca el tiempo en que se vive. Reemplazar algún decorado por otro que responda a los gustos de la época. Aportar nuevas edificaciones al conjunto. Esa es la razón de ser de la izquierda que hoy gobierna en México.

No se trata de una destrucción total de nuestra herencia histórica, sino más bien de un reacomodo y ajuste de lo que poseemos como patrimonio, dentro de una visión moderna y práctica que beneficie a todos. De una estructura conservadora, nace siempre, en algún momento de madurez ciudadana, un movimiento que intenta alterar el orden caduco, inmóvil y descompuesto, que se gesta en una entidad que tiene miedo a todo cambio. Los movimientos de izquierda, entrañan riesgos, como todo lo nuevo y desconocido. Pero son la única vía para explorar rutas de desarrollo que impliquen avance.

Podemos decir que el conservador, respeta y defiende lo que es seguro, lo que no necesita comprobación, lo que significa piso sólido, lo que no implica riesgo, ni aventura. Al conservador de molestan los cambios. Le dan miedo. Sin embargo, los cambios son necesarios y no pueden ser pospuestos permanentemente. El chairo, como denominan actualmente a quienes apoyan a Morena, toma riesgos, se prepara, se preocupa y se lanza por una ruta, donde las condiciones se muestran favorables.

El zócalo de la Ciudad de México, expresa en este momento lo que sucede política y socialmente en el país. Una estructura conservadora sólida, que alberga en su interior a un gobierno y a una sociedad que se dirigen hacia un destino nuevo, donde lo pasado se respeta, pero al mismo tiempo, se ajusta a las necesidades del presente.

La discrepancia entre conservadurismo e izquierda, debe entenderse como una lucha irreconciliable. Ha sido así históricamente. Pero los mecanismos para definir qué vía domina sobre la otra, puede ser dialéctica. Lo ha dicho López Obrador muchas veces: diálogo, diálogo y más diálogo. Es la mejor alternativa.

Quedamos en silencio y mirando el palacio, nacional, la catedral y el palacio de los virreyes alternativamente. Después, seguimos nuestro paseo por 20 de noviembre., rumbo a la iglesia de San Miguel Arcángel.

Yo concluí el trayecto, en el mismo sillón donde inicié la ruta. No sé que camino haya seguido Dupin, después de nuestra entretenida plática.


Malthus Gamba