El neoliberalismo, la peor enfermedad


#LaCuartaTransormaciónVa


Tenemos por costumbre opinar a la ligera.

Damos por ciertas consideraciones generalizadas, que entendemos como el sentir de la sociedad en su conjunto.

Si la mayoría de estas voces aprueban, nosotros aprobamos también.

Si condenan una situación, un acontecimiento o una idea, el impulso que nos mueve es condenatorio también.

Así se mueve por regla general, el ser social.

Eso lo saben sociólogos, políticos, psicólogos y teólogos de todas las filiaciones y credos.

En realidad, lo conveniente para formarnos una opinión personal, sería pensar con tranquilidad, después de haber escuchado a todas las voces involucradas, dónde se encuentra nuestra verdad. No la verdad del empresario, o del político, o del predicador.

Únicamente la verdad que nos toca en lo personal.

La sociedad se compone de un buen número de grupos y subgrupos diferentes, donde los intereses básicos son los mismos, pero donde también, hay posiciones irreconciliables, que nos mueven en direcciones encontradas muchas veces.

La seguridad, la paz, el orden, la justicia, nos anima a caminar por la misma senda a todos. Ahí los puntos de encuentro son muchos.

Otros aspectos que también son primordiales, son vistos desde ángulos muy diferentes y los intereses de unos, chocan con los beneficios de otros.

El trabajo, el salario justo, la vivienda digna, el derecho a la educación, son vistos de diferente manera, según la clase social que opina.

Para un ciudadano común, el derecho al trabajo, con un sueldo bien pagado, es importante. Lo es igual la vivienda digna, donde pueda dar seguridad y protección a su familia. Una educación de calidad para sus hijos es uno de los factores básicos, para sentirse garantizado socialmente.

El empresario piensa distinto. Para él, la ganancia lo es todo. Pagar salarios bajos, aumenta su margen de utilidad. El pago de cuotas sobre seguridad social, que dan acceso a créditos para la vivienda, es evadido generalmente, al reportar sueldos inferiores a los que en realidad ganan sus trabajadores. La educación se ve como un negocio más y se intenta privatizar la misma, sin importar que la mayoría de los individuos en el país, no estén en condiciones de pagar por este beneficio.

Como vemos, sobre un mismo hecho, hay visiones distintas y corresponde a cada ciudadano decidir, de qué lado del conflicto se coloca.

Hay dos cosas más que agregar al respecto:

Quienes tienen mentalidad empresarial, son en realidad muy pocos. Son la minoría de privilegiados, que piensan aún que el dinero en abundancia los coloca en una posición preferente, respecto al resto de la población.

Eso es la mentira más grande que ellos mismos han hecho circular. Son tan mortales como cualquiera de los demás. Se enferman del mismo modo. Son vulnerables a la pena y al dolor, como cualquier hijo de vecino. Nada en realidad los diferencia del resto de los individuos.

Tienen idénticos momentos de alegría y de dolor.

Por otra parte, ese pequeño grupo de propietarios de enormes cantidades de dinero, controla también a periodistas y medios de información. Los principales periódicos y las grandes televisoras, tienen la misión de implantar socialmente la visión particular, que los empresarios tienen sobre los problemas nacionales.

A diario repiten los puntos de vista de los dueños del dinero, haciendo pensar al ciudadano, que se trata de razonamientos lógicos, irrebatibles y respaldados por la opinión científica y cultural del país.

Eso, es lo que se conoce como información tendenciosa. Solo la visión de una de las partes es expuesta, desarrollada y comentada. La otra visión, la que interesa a quienes son afectadas por las medidas de los dueños de los grandes capitales, se oculta, o se menosprecia.

Es fácil caer en el engaño y pensar que efectivamente, el bienestar del país, pasa necesariamente por el bienestar e intereses del pequeño núcleo empresarial.

Y esa es precisamente la tesis neoliberal.

Para que el país camine correctamente, se deben brindar todas las facilidades y garantías al mercado.

Esto es completamente falso.

Estamos acostumbrados a escuchar hablar de enfermedades mentales que afectan a ciertos individuos. Reconocemos que existen actitudes que efectivamente, denuncian fallas evidentes en el accionar de ciertas personas.

En otros casos, se nos dice que hay perturbación psíquica en algún individuo, sin que sean apreciables a simple vista, los síntomas de la misma.

Pero existe un tipo de enfermedad que afecta a la sociedad en su conjunto.

Es una enfermedad inducida y que tiene que ver con lo que hemos hablado.

Erich Fromm, quien fue catedrático y formador de los primeros psicoanalistas egresados en nuestro país, ha hablado mucho al respecto.

La sociedad consumista, la del mercado ante todo, la que se preocupa por la cantidad de dinero y posesiones acumuladas, está enajenada y es enajenante con quienes se ajustan a sus principios.

Vivir para competir, vencer para acumular, poseer sin límite, es en realidad una posición enferma.

Y ése es el fin de la existencia humana, según el neoliberalismo.

Los valores humanos se pierden. No importa que millones no tengan las garantías mínimas de vida, mientras un selecto grupo incrementa permanentemente la ganancia.

No importa el dolor de los otros, si la acumulación continúa y no se detiene.

El neoliberalismo ha enfermado a nuestra sociedad, privándola de los valores culturales, éticos y morales, que ven más por la salud del individuo en todos aspectos, que por los beneficios superfluos de un sector o casta.

Por eso es tan importante hoy la derrota de los neoliberales en las elecciones pasadas.

No es únicamente el triunfo político.

Se trata de salvar y sanar a una sociedad a la que hicieron perder el rumbo sano y racional.

La Cuarta Transformación, al poner al individuo, al ciudadano en primer plano, rompe con la visión mercantil de la existencia humana.

Revalora la función del Estado y le regresa su herencia histórica al individuo.

Por eso la importancia de no creer en la información que intentan hacernos tragar la prensa y los medios tradicionales.

Pensar antes de opinar y colocarse en el papel histórico que en verdad defendemos.

La pregunta en estos momentos de cambio es una:

¿Estamos del lado de los intereses del mercado y de los grandes empresarios?

¿O estamos defendiendo los derechos y futuro de la sociedad, de la que somos parte?

Cada uno debe analizarlo y responderse a sí mismo, con total honestidad.

Momentos y oportunidades como las que hoy vive México, no se presentan a diario.

Malthus Gamba