¿Qué México queremos construir para el futuro? Hay dos opciones



#LaCuartaTransformaciónVa


Culiacán, Sinaloa se convirtió ayer por la tarde en punto de atención nacional. No tanto por un operativo que pudo haber resultado exitoso y que terminó en una manifestación de fuerza del crimen organizado en la zona.

El punto medular del asunto, tiene que ver con la ubicación del sitio en que se encontraba presente uno de los hijos del Chapo Guzmán. Una patrulla del ejército lo había cercado. Faltaba únicamente la orden de allanamiento para proceder a su arresto. Este documento, de acuerdo a lo que manifiesta hoy el gabinete de seguridad, no se obtuvo en el tiempo esperado.

Enterados de la presencia de las fuerzas del orden, los delincuentes que se encontraban sitiados, solicitaron refuerzos y detonaron a su vez un contra operativo que incluyó cierre de carreteras, bloqueos en el aeropuerto y principales avenidas de la ciudad y también el secuestro de agentes del orden y miembros de las fuerzas armadas. La escalada de violencia podía tornarse peligrosa para la seguridad de los ciudadanos, por lo que el gabinete de seguridad, con la aprobación del presidente de la república, decide abortar la operación y dejar libre el camino para la salida del inmueble de quienes se encontraban rodeados dentro del mismo.

Hay todavía ciertas lagunas informativas que con el paso de los días irán desapareciendo, pero a grandes rasgos, esa fue la situación que se vivió ayer en Sinaloa. Muchas balas, incendio de vehículos, cierre de carreteras, secuestro de miembros de las fuerzas armadas y amenazas de muerte para los familiares de los soldados y policías que participaran en el arresto del hijo del Chapo.

La opción elegida por el gobierno de la Cuarta Transformación, fue la de no poner en riesgo la vida de los ciudadanos. Abandonar un operativo que por razones de procedimiento legal no culminó como se había planeado y garantizar así, la seguridad de los habitantes del municipio de Culiacán.

Ese es el punto crítico que hoy divide a la sociedad en dos posiciones diferentes.

Para unos, en realidad minoría, se debió continuar hasta el final con el operativo. El gobierno, haciendo uso de la fuerza del Estado, debió concentrar más tropa y armamento en el punto de conflicto, para garantizar la captura del hijo del Chapo.

Sin importar las bajas sufridas en uno y otro bando, se debieron liberar carreteras y vías públicas.

Se tendría que haber rescatado a los policías y soldados secuestrados, aunque esto significara pérdida de vidas.

Se debió concretar la captura del delincuente, sin importar que el costo de la acción deviniera en derramamiento de sangre y la pérdida de algunas vidas.

Los helicópteros artillados, les parecía buena idea para asegurar el triunfo.

Por otra parte, están quienes defienden y comparten la postura oficial del presidente y gabinete presidencial. No había necesidad de poner en riesgo a los ciudadanos y era preferible aceptar que el operativo había fallado, debido a un trámite burocrático (la orden de allanamiento que no llegó a tiempo).

El sector conservador en el país, pretendió aprovechar esta situación, para señalar que el país vive un momento especial en lo que a violencia se refiere. La prensa "chayotera" argumenta que jamás en la historia reciente del país, se había vivido una situación similar.

Esto no es cierto. Basta con leer el número 80375 de la revista Proceso, titulado "La larga huida de Tony Tormenta", para darse cuenta de la manera en que operaron las fuerzas del orden en esa ocasión. Ahí se lee:

"Según esas versiones, la tarde del 8 de septiembre hubo un tiroteo de cuatro horas en un inmueble del fraccionamiento Del Río, donde el capo se atrincheró. En la averiguación PGR/TAMPS/MAT-III/2466/2010 se narra que "extraoficialmente se tuvo conocimiento de lo siguiente: que en el interior del inmueble dañado se encontraba Tony Tormenta, a quien no capturaron".

El escrito incluye testimonios de quienes presenciaron el tiroteo. Los testigos dicen que Ezequiel Cárdenas salió caminando del inmueble y ningún uniformado le impidió el paso".

Pocos días después, en otro operativo que significó la pérdida de vidas de un número indeterminado hasta ahora de civiles, criminales y agentes del orden, se dio fin a la vida de Ezequiel Cárdenas Guillén, "Tony Tormenta". Ahí se uso del poder letal del Estado y todo concluyó en violencia y muerte.

El día de hoy en la conferencia mañanera, el presidente López Obrador habló de manera general sobre el asunto. Señaló que los datos precisos con que se cuenta en este momento, serían puestos a disposición de la ciudadanía, por parte del gabinete de seguridad. Y efectivamente, en conferencia de prensa, los integrantes del gabinete dieron cuenta de los hechos y respondieron las preguntas de la prensa.

La postura del presidente no se mueve un milímetro, de lo que considera la forma correcta de atender el problema de la violencia en el país. No es con violencia como se dará solución final a esta lamentable situación.

Atender las raíces del problema es lo importante: crear fuentes de empleo, que eviten que más jóvenes se integren a la vida delictiva, educación de calidad para todos los mexicanos, seguridad social a través de programas de atención a grupos vulnerables, fomento al campo, preparación para el trabajo a través del programa instrumentado para los jóvenes. Esa es la columna vertebral de la propuesta que impulsa nuestro gobierno.

No más fuerza letal. No más muertos, ni más sangre. Esa es la política que va a seguir la Cuarta Transformación durante el resto del sexenio. Les guste o no les guste a los conservadores.

La Guardia Nacional es el otro brazo en esta nueva propuesta. No se encuentra contaminada por la delincuencia. Está iniciando labores y aún le faltan elementos para cubrir todas las regiones del país.

Su misión, es garantizar la seguridad de los ciudadanos de manera preferente. Abatir la criminalidad que afecta directamente a las personas y no realizar operativos violentos contra el narco.

Hay dos visiones de país en este momento. Una, ya fue probada y demostró categóricamente, que la violencia no se combate con más violencia.

La que hoy se impulsa, no ha generado más muerte; lleva tiempo, pero es la vía que tiene mayores probabilidades de alcanzar la paz en el mediano plazo.

Cada mexicano deberá decidir en forma personal, a cuál de las dos propuestas le tiene confianza y en base a ello, trabajar para que la delincuencia decrezca y se alcance un México de paz y seguridad.

Los que critican a la Cuarta Transformación hoy en día, deberán esperar al tiempo en que recuperen el poder, para modificar las condiciones actuales.

Quienes prefieren un proyecto de justicia sin violencia y de atención privilegiada a las causas que generan al delincuente, pueden participar activamente en el proceso de cambio puesto en marcha.

En este momento, afortunadamente somos más los que apostamos por la paz con justicia.

Nunca más la fuerza del Estado, como argumento y forma de gobierno.

Nunca más un Estado que se justifica, usando al ejército como instrumento de violencia y muerte.

Malthus Gamba